miércoles, 19 de enero de 2011

Si pronuncias mi nombre, desaparezco.

He aquí una adivinanza:
"Si pronuncias mi nombre, desaparezco" ¿Quién soy?

Tic,Tac, Tic, Tac, Tic, Tac, Tic, Tac....TIEMPO!

"El silencio".

Ahhh, el silencio, ese bien tan preciado. Ese intangible. Ese elemento tan escaso, por desgracia para profesores y buenos alumnos.

Cuando yo era alumno el silencio era el rey de la clase. A nadie se le ocurría interrumpir a un profe cuando estaba dando su clase magistral. Que nadie me malinterprete, yo no estoy reclamando la vuelta a las clases de mi época de la EGB. No se trata de eso, entre otras cosas, porque en aquella época si charlabas y te pillaban te daban un capón en menos que canta un gallo. Como he dicho el silencio era el rey, y su primer ministro era el miedo.

Cuando les digo a mis alumnos que a mi me han pegado en clase no se lo creen. Yo era un buen alumno, pero charlatán como pocos. Ahora sigo siendo charlatan. No contento con abrasar a mis alumnos en clase, ahora sigo charlando aquí. Definitivamente lo mío es afición. Lo siento chicos, soy muy pesado, "mea culpa".

A lo que iba, que me disperso. Hoy en día es muy difícil conseguir el silencio durante un buen rato. Los alumnos guardan silencio cuando están dormitando o cuando explicas algo que se les antoja complicado. Pero en el momento que finalizas una explicación o un ejercicio, se ponen a charlar. Y cuando les recriminas este hecho porque quieres continuar la clase, te miran con cara de sorpresa. Es como si no entendieran que mientras el profe explica ellos han de escuchar.

Por qué así ha de ser, ¿no?. ¿O es que estoy equivocado? Si alguien piensa que no es así, por favor que me diga algo.

En clase siempre utilizo el mismo lema:
"En clase de matemáticas mientras el profe explica se escucha o se medita en silencio". 

Con esto les quiero decir que no me molesta que desconecten. Me importa pero no me molesta. Puedo entender que desconecten si estan cansados, desencantados, agobiados por algo personal, enamorados, aburridos, etc. Lo que me inquieta es que se pongan a parlotear o mejor aún, a hablar en voz alta. Pero, veamos por qué me inquieta:

  • Tengo la sensación de que hablo para las paredes. Y eso desanima a cualquiera. Sobre todo si es profe "motivado". ¡Glups, lo que he dicho, la palabra motivado!
  • Pienso que los chicos y chicas que si que quieren aprender, tienen derecho a tener una clase con un ambiente productivo y positivo.
  • Hacer matemáticas en la pizarra no es fácil. La perspectiva es distinta. (De esto ya hablaré otro día). Y si no hay silencio uno tiene tendencia a equivocarse. ( Y yo me equivoco con regularidad, a veces a propósito y otras no. La ventaja que tiene esto es que los alumnos están más atentos para buscar el fallo.)
  • Me despisto. Así de sencillo. Necesito silencio para concentrarme en lo que hago.
  • Si por lo menos hablaran de algo interesante, me podría unir a la conversación, pues quizá sea más productivo que hacer matemáticas, pero no suele ser el caso. Aunque los que tengo en clase de bachillerato este año suelen tocar temas bastante aceptables. Pero dudo que algún día lleguemos al extremo de cambiar las mates por la terturlia. (¿Alguien se lo había creído? Me refiero a lo de la tertulia... Modo irónico ON).
  • La productividad de profe y alumnado cae en picado. Y como economista lo llevo muy mal. Este es un país de bajas productividades y se ve claramente en la escuela.
  • Siempre hay alguien que sufre en silencio, normalmente alguien a quien le gusta la clase, y no dice nada por temor a que los demás le llamen pelota o motivao.
Ya veis, tengo unas cuantas razones. Y ahora la pregunta del millón de dólares.

¿Se os ocurre alguna manera para que el silencio campe a sus anchas por un aula? ¿Qué medidas podríais tomar al respecto?

Yo os pongo una solución en clave de humor. Se trata de "El tío la vara" incansable personaje de José Mota. No he podido evitar recordar, al entrañable "Señor Juan" , mi profesor de primero de EGB, quien utilizaba esta solución conmigo. Antes de nada deciros que está en clave de humor y que para mi está solución nunca será válida. Pero para él sí que lo era. Nos zurraba con una regla de madera. Y nos zurraba bien zurrados. Menudo sádico y malnacido era. Espero que donde esté no pueda pegar a nadie. En fin, como se suele decir, eran otros tiempos...




Sed felices, aún es posible.

    2 comentarios:

    1. Necesitaba desconectar un poco, y he decidido darme un paseo por tu blog (aunque hace días que lo hago pero lo hago tan rápido que ni pongo ningún comentario).
      De esta publicación lo que más me ha llamado la atención ha sido la adivinanza, pues la cuestiona Guido en mi pelicula favorita. Como bien dices, en bachillerato mientras el profesor explica se mantienen conversaciones un poco más aceptables. Pero ese no es motivo para perder la clase, cuando se pueden mantener esas conversaciones en un cambio de clase o después de las clases. Reconozco que me distraigo con facilidad, pues concertrarse cuesta mucho, pero más si no tienes ningún interés en hacerlo. Si me permites, una de las frases que más me motiva a dejar una conversación en clase para otro momento es: cada clase es irrepetible. Pues la explicación de hoy, no será igual a la que podria dar el profesor mañana.

      Me encanta poder desconectar en una web así. ¡Mejorate y ánimo!

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    2. Yasmina: Cierto es, cada clase es irrepetible. Los "nativos digitales" por lo general teneis cierta dificultad para concentraros. Y no me extraña. Pero hay que buscar momentos para desconectar y momentos para estar a tope.
      Ánimo para ti también con el TR. Seguro que lo harás genial.

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