domingo, 9 de diciembre de 2012

La leyenda de John Mirbond (II)

En China, aprendió el manejo de la pólvora y se hizo pirotécnico, pero los chinos eran mucho más expertos en ese arte. Observó que la pirotecnia era espectacular, pero no “Lo más importante y especial del universo”.


Pasó a Mongolia. Allí le enseñaron a montar. A montar con ese amor que los mongoles tienen por sus caballos y que se pierde en la noche de los tiempos.  Vivió en tiendas de campaña, acompañando al ganado, buscando pastos, viviendo al día, pero seguía sin encontrar lo que tanto anhelaba.

De allí viajó a caballo a Rusia, donde perdió un dedo del pie derecho debido al rigor del invierno en la tundra siberiana. Después de jurar que no volvería a pasar tanto frío en su vida, se habla de 50º bajo cero, pasó a Polonia. A los pocos meses se trasladó con un comerciante polaco a la actual Hungría,  ya que en Rusia le juraron que las mujeres más bellas del mundo son magiares.  Una vez allí, pudo contemplar que los rusos no juran en vano y que  en efecto, las mujeres magiares son bellísimas y sobre todo muy cultas. Le aseguraron que para poder ser merecedor de una de ellas debía cruzar el Danubio a nado.

John no sabía nadar. En su país no había tenido la necesidad de aprender. Pero este hecho no le amedrentó. Solicitó la ayuda de un húngaro y en un año consiguió atravesar el rio dos veces.  Incomprensiblemente, y cuando estaba a punto de contraer nupcias con una bellísima magiar, decidió que allí no encontraría “Lo más importante y especial del universo”. Deshizo su compromiso, no sin antes compensar económicamente a toda la familia y desapareció para no volver. Desde entonces en Hungría se afirma que en las noches de viento del norte los hombres pueden desaparecer sin un motivo aparente.

Como era un hombre culto decidió no entrar en "la vieja Europa", pues todo lo que se podía saber del viejo continente él ya lo había leído y sentía curiosidad por investigar en lugares más recónditos.

Tomó un barco y haciendo cabotaje se plantó en el cabo de Buena Esperanza. Allí desembarcó y llegó a Sudáfrica donde trabajó en las minas de diamantes.  Despreció ese tipo de vida. Decía que por piedras la gente se mataba. Qué no había visto nada más estúpido.

Posteriormente se trasladó a Kenia donde contrajo nupcias con una mujer masai llamada “Mara”. Durante una temporada, no está claro su duración, fue feliz viviendo en armonía con el ganado.  Siempre decía que “Mara”era alguien realmente especial. Ella le enseñó la lengua "maa" y le acompañaba siempre que necesitaban beber sangre del ganado, ya que John era muy reticente a hacerlo. Entendió que los seres vivos viven en armonía, en equilibrio y que nadie tiene derecho a alterar el ecosistema.

Desafortunadamente enviudó tras un ataque de un felino a su esposa, lo cual le provocó una profunda frustración e ira. John mató al animal de forma despiadada, pero no consiguió encontrar consuelo en muchos años. Tanto fue así que decidió que el África negra no era su lugar.  Pasó al Sáhara donde convivió con los tuareg. Recorrió el desierto en varias caravanas y se obstinó en encontrar aquello que él denominaba “Lo más importante y especial del universo”. Pero los tuareg no sentían esa necesidad, eran nómadas con un fuerte sentido tribal, un pueblo orgulloso y tenían claro qué era “Lo más importante y especial del universo”. Le hablaron de ello pero John no quedó convencido. Debía cambiar de aires sin pensarlo demasiado. En el desierto se sentía uno más, allí había paz, pero no era su ambiente. Definitivamente debía cambiar de aires. Se sentó y esperó a que el viento le llamara de nuevo...

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