lunes, 2 de abril de 2012

Con los ojos de un niño

Para cambiar el tercio y no ponerme pesado os voy a contar una historia divertida. Hace unos días lo que era un inconveniente se convirtió en una alegría y en una fiesta.

Estoy cenando cuando noto que algo no está en su sitio. Rápidamente me percato de que se me ha caído la única  funda de una muela que tengo. No hace falta que diga que ha sido una suerte no tragármela pues apenas tengo tiempo para ir al dentista y no quiero que me cueste un dineral así que  la recojo en mi palma de la mano. Mi hijo lo ve y se vuelve loco de contento porque va a venir el "Ratoncito Pérez".

Caigo de inmediato en su sensación de euforia. Así que disimulo y me apunto a su fiesta, es genial.

Al día siguiente voy de urgencia al dentista y la funda vuelve a su sitio de nuevo. Mi hijo me pregunta qué me ha traído el "Ratoncito"; le contesto que con un poco de suerte me traerá alguna cosa chula pero que tardará un poco pues tiene muchos niños a los que va a atender primero.

Días después a mi hijo se le empieza a mover un diente y vuelve la fiesta. No hace falta que os diga que a él el ratoncito le trajo un regalo inmediatamente. Los niños de nuevo son su prioridad.

¡¡¡Qué bonito ver la vida con los ojos de un niño!!!

Y ahora te pregunto:

¿Cuándo fue la última vez que viste algo desde la óptica infantil?

¿No crees que a veces ellos son más sabios que nosotros? No ya por su espontaneidad, sino porque saben disfrutar de la vida.

¿Cuándo fue la última vez que te dejaste llevar sin preocuparte de lo que puedan pensar o decir los demás?

¿Te has parado a pensar en ello?

¿Cuáles son los cambios que puedes introducir en tu vida para viajar por ella de manera más positiva?

Venga, qué me cuentas...

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