Hace unos días "Marina", una alumna de 4º de ESO, andaba con una cara tan larga, tan larga, que casi se la pisaba. Se tiró toda la hora con la mirada perdida. Una mirada huidiza, apenas miraba la pizarra. Soy consciente de que una explicación de trigonometría puede ser aburrida, ¡pero tanto no!
Después de pensarlo varias veces me acerqué, le pregunté si todo iba bien. A lo que contestó que sí. Pero su lenguaje corporal me decía lo contrario. No quise investigar, al fin y al cabo no es asunto mío. Los adolescentes a veces pasan por malas rachas, y es mejor dejarles a su aire. Con frecuencia al cabo de unas horas vuelven a estar como siempre.
Al día siguiente cuando entré en clase instintivamente la busqué y con desilusión comprobé que volvía a estar igual, pero su cara había crecido un poco más. Me las ingenié para acercarme de forma discreta y le pregunté. ¿Cómo estás hoy Marina?
Su respuesta fue demoledora. Me miró con sus ojos oscuros llenos de inquietud y me dijo:
- Profe, prefiero que no preguntes... Son cosas mías y a ti te van a parecer chorradas.
- Cierto, a mi seguramente no me interesen. No quiero saber de tu vida más de lo necesario, pero hace unos días que en mi clase no estás como siempre. Y tan solo te pregunto cómo estás. En cualquier caso entiendo que no quieras contármelo, estás en tu derecho.
- Profe, no te preocupes, no es por ti.
- No hay problema, si en algun momento te apetece hablar ya sabes donde estoy.
Tres días después "Marina" me comentaba al finalizar una clase que se sentía acomplejada y que últimamente no se gustaba mucho. Le contesté de la forma más amable que pude: "Bienvenida al club".
Me preguntó si a mi me pasaba. Le dije que en ocasiones no me miraba al espejo y que apenas quedaban fotos mías de mi época adolescente. Le dije que durante una época me invadió una suerte de melancolía pues no me sentía de los más "interesantes" de la clase. También le dije, que ahora, al haber llegado a la etapa adulta, me arrepentía de haber tirado las fotos, o mejor aún de no haber querido hacerme fotos porque me daba rabia no ser fotogénico. Ahora era consciente de que ser, por ejemplo, guapo o feo, es algo totalmente banal, salvo en la adolescencia donde es fundamental. Me dijo que ella no se sentía guapa, pero tampoco fea y que le daba rabia sentir que nunca iba a ser una chica que destacara. A lo cual le contesté que yo tampoco destacaba, o no lo creía . Es más, que seguramente no destacaba en nada y que esa podía ser mi principal virtud.
Hablamos de alguna cosa más, pero eso quedará entre nosotros. Son temas personales, tanto de "Marina" como míos. Le pregunté si podía hablar de su tristeza en mi blog, a lo cual me respondió de forma afirmativa.
Para finalizar convenimos en que no merecía la pena, hoy por hoy, darle muchas vueltas a estos temas ya que prácticamente todas las personas, y sobre todo ella, con un poco de "plancha y pintura", con un poco de Photoshop y con una mirada suya, una de esas que lanza cuando disfruta en la clase de matemáticas, podría mover el mundo. "Marina" tiene unos ojos profundos, llenos de magnetismo. Son unos ojos de otro mundo.
Como os podreis imaginar no me creyó. Le dije que conocía un video que podría demostrar lo mucho que puede cambiar la gente con un poco de creatividad. Y que no debe pensar demasiado en esas cosas ya que hoy en día, aunque parezca lo contrario, no todo es fachada. Me dijo que la fachada es importante, y le di la razón, pero hay cosas más importantes. Además la fachada no perdura para siempre. Y pocas personas tienen su mirada y su conversación. Y eso es lo importante. Lo que hay después de la fachada.
Si "Marina" protagonizara este video los resultados serían mucho más espectaculares. Pues es mucho más brillante que la modelo. Brilla con luz propia, no necesita luces artificiales. Os lo puedo asegurar.
"Marina" lo prometido es deuda. Después de este video, ¿podrás darte cuenta de lo mucho que vales?
Y tú, ¿qué me dices ahora?
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